DOLOR Y DOLOR CRÓNICO

¿Por qué tengo dolor? 

¿Qué es el dolor crónico? 

¿Qué puedo hacer?

Hasta ahora se ha pensado que el dolor va asociado siempre a un daño estructural en algún tejido, pero recientemente se ha demostrado que esto no tiene porqué ser así.

El dolor, realmente, es una respuesta de nuestro sistema nervioso (SN) tras una interpretación que realiza nuestro cerebro de la información que recibe procedente de nuestros receptores del dolor (nociceptores) que tenemos en todas las partes de nuestro organismo. Esto es muy importante de entender.

El hecho de que sea una interpretación nos permite un lujo para poder trabajar con él: la modulación (sí, es posible modular el dolor).

Nuestro sistema nervioso es capaz de modular tanto la información aferente (la que viaja de los nociceptores hasta nuestro cortex cerebral) como la eferente (la que se emite desde nuestro cerebro hacia el resto del organismo) que emite una respuesta que, generalmente, suele ser para proteger nuestro cuerpo de la amenaza.

Esto explica por qué no todas las personas sienten el mismo dolor ante el mismo estímulo. Por ejemplo, a un/a jugador/a de baloncesto de 25 años un golpe en el brazo no le va a afectar lo mismo que a una persona mayor de 70 años que no tiene una vida activa. Para el/la deportista ese golpe no supone ninguna amenaza y su SN lo interpretará como un grado muy bajo de amenaza por lo que la respuesta (dolor, edema, inflamación) será muy pequeña mientras que en la persona mayor será al contrario, supondrá una amenaza grande y su respuesta de protección será de igual calibre.

Por lo tanto hay que trabajar los factores que permiten modular esta respuesta (dolor) para intentar llevar a cabo una respuesta totalmente proporcional al grado de amenaza de ese estímulo.

El dolor de tipo crónico es un problema muy común en la población. Dentro de este tipo de dolor los más frecuentes son las cervicalgias y las lumbalgias.

Pero, realmente ¿qué es el dolor crónico?.

Existe una tendencia a creer que este tipo de dolor es consecuencia de una patología sufrida en el pasado que no se trató como debería. Y, en parte, es así, aunque esto sólo sería un tipo de dolor crónico: las lesiones recidivantes (recaídas).

Pero con lo que hemos comentado antes podemos entenderlo de una manera diferente; quizá este dolor crónico no venga asociado realmente a una lesión estructural en algún tejido, si no que puede ser una respuesta grande a una amenaza que el cuerpo del sujeto interpreta como grande.

Existe evidencia que muestra que en pacientes con dolor crónico, el mecanismo del dolor está alterado. La vía que transmite la información nerviosa desde los receptores del dolor hacia el córtex cerebral (vía aferente) está hiperexcitada e hipersensible, y la vía que se encarga de controlar la respuesta que nuestro cerebro da a ese estímulo mediante inhibiciones (vía eferente), tampoco funciona de manera correcta.

Esto explica la fisiología del dolor crónico con la llamada sensibilización central, que no es más que una amplificación de la señal neural en el sistema nervioso central que provoca hipersensibilidad al dolor.

Por lo tanto, entendiendo esto, podemos llevar a cabo un trabajo específico que ayude a disminuir el grado de amenaza que nos provoca esa respuesta de dolor para así poder, poco a poco, dar pasos adelante en la recuperación, añadiendo, por ejemplo, ejercicio con unos grados más elevados de trabajo, tanto en movilidad como en fuerza, ya que, el dolor limitaba este trabajo.

Ejercicio y dolor crónico

El ejercicio es una herramienta fundamental para abordar cualquier lesión del sistema musculoesquelético. Su fundamento principal se basa no sólo en el fortalecimiento en sí, si no también en la capacidad de poder controlar el dolor. 

El ejercicio consigue reducir o incluso eliminar el dolor durante la sesión de trabajo e incluso 30 min después, y de manera repetida en el tiempo puede llegar a una disminución muy notable del mismo en comparación con el inicio del tratamiento.

Esta respuesta se explica a nivel fisiológico por la liberación de ciertas hormonas (sistema endocannabinoide, serotonina y opioides) que ayudan a modular tanto la información emitida por los nociceptores hacia el córtex cerebral, como a inhibir la respuesta que éste hace (interpretación) hacia el resto del organismo (dolor, inflamación, enrrojecimiento, etc.). Todas estas hormonas se liberan durante el ejercicio y es así como se explica esa mejoría en la sensación de dolor.

Además, el ejercicio creará una adaptación corporal a la carga a la que se le va a ir exponiendo, permitiendo así, evolucionar con la recuperación hasta al punto que podemos conseguir tener una normofunción de la estructura lesionada, disminuir esa percepción dolorosa y/o, incluso, no sentir absolutamente nada de dolor.

También a nivel psicológico existe evidencia que señala que el ejercicio ayuda a enfrentar estados depresivos, evitativos y de ansiedad, permitiendo así, una recuperación mucho más completa.

Por ello, el ejercicio es el pilar fundamental de trabajo sobre el dolor crónico.

Además del ejercicio, el hecho de tener un hábito de vida saludable influye mucho en este tipo de dolor, mantener una actividad física mínima ayuda a disminuir estos valores de dolor. Una vida sedentaria sólo podría incrementarlo y asentarlo, por lo que no sería nada recomendable.

En conclusión, tenemos que tener en cuenta que, para hacer frente al dolor, es necesario un hábito de vida saludable combinado con ejercicio y, por supuesto, con la ayuda de tu fisioterapeuta y tu entrenador/a, quienes se encargarán de enfocar de la manera idónea el mejor tratamiento para dar solución a tu problema.

Por ello, es importante recalcar que en estos extraños días de confinamiento en casa, es muy importante realizar actividad física, tener unos hábitos saludables y no dejar de realizar ejercicio para combatir el dolor crónico.

Así que, ¡¡¡ MUÉVETE Y CUIDA TU ALIMENTACIÓN!!

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